La culpa de todo esto la tiene esa libreta.

Te voy a contar la verdad, aunque cualquier manual de marketing diría que no lo haga: No teníamos planeado montar este ecommerce.

libreta con lista de la compra de pienso
Nuestra base de datos de "alta tecnología" en 2012.

Si hace unos años nos hubieras dicho que estaríamos enviando miles de paquetes a toda España y peleando con las grandes multinacionales, nos hubiéramos reído. Nuestro plan era mucho más sencillo: tener la mejor tienda del barrio. Punto.

Nos gustaba ese ritmo. El de ver entrar a la señora María y saber, antes de que abriera la boca, que venía a por las latas de paté porque su gato hoy se había levantado caprichoso. O el de pasar 20 minutos escuchando a un vecino solo porque sabemos que, a veces, desahogarse es más importante que comprar un hueso.

En el banco nos dirían que perder el tiempo charlando no es rentable. Pero resulta que el interés genuino en la otra persona es la cualidad más importante de un vendedor.

Éramos felices siendo "los de la esquina". Pero pasó lo que pasa cuando te obsesionas con tratar a las personas como personas: que se corre la voz.

Cuando el mostrador se queda pequeño

Nuestros clientes empezaron a mudarse. Unos se fueron a Madrid por trabajo, otros a Valencia por amor. Otros simplemente se iban de vacaciones a la playa y se daban cuenta de que allí no había nadie que les asesorara igual. También empezaron a recomendarnos a sus primos de fuera de Córdoba.

Y el teléfono empezó a sonar.

— "Oye, que he pedido en la Web X y me lo traen mañana, pero nadie me explica por qué a mi perro le sienta mal el pollo. Mándame el saco de siempre, anda."

— "Mira, que no me fío de lo que leo por internet. Dime tú qué le doy."

Al principio, era una locura. Apuntábamos los envíos a mano en esa libreta de la foto. Hacíamos de almacén, de psicólogos caninos y de logística improvisada. Empaquetábamos cada pedido como si fuera para nuestra propia mascota, cruzando los dedos.

Ahí nos dimos cuenta de una verdad incómoda: Internet está lleno de tiendas que mueven cajas. Pero faltan tiendas que muevan colas. Faltaba un sitio donde comprar online sin sentir que hablas con un robot.

gente feliz haciendo pedidos
Cuando el almacén se convirtió en nuestro segundo hogar.
gente feliz haciendo pedidos
Creamos lo que no encontrábamos en el mercado.

Descubre Boske

La alimentación natural que creamos por pura obsesión.

Ver Ingredientes y Gamas

La obsesión (y el caso Boske)

Dicen que para tener éxito en internet tienes que ser el más rápido y el más barato. Nosotros preferimos ser honestos y expertos. Esa honestidad fue la que nos llevó a crear Boske.

No lo hicimos por ego, ni para hacernos ricos. Lo hicimos por pura frustración. Nos cansamos de leer etiquetas con lupa y encontrar ingredientes que no daríamos ni a nuestro peor enemigo.

Así que hicimos lo que haría cualquier abuela cuando no le gusta la comida del restaurante: cocinarla ella misma.

Creamos la alimentación que no encontrábamos para nuestros propios animales. Sin atajos. Porque si estás leyendo esto, sospechamos que tú tampoco eres un cliente "normal".

Hemos cambiado el mostrador de madera por esta pantalla, pero la filosofía es la misma: Si no es bueno para ellos, no lo vendemos. Aunque sea rentable.

¿Hablamos?

No somos una multinacional con oficinas de cristal en Silicon Valley. Somos los de la libreta. Los que se manchan de pelo. Si tienes dudas, no le preguntes a Google. Pregúntanos a nosotros.

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(te contestará un humano, prometido)

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